Batalha de India Muerta (VI): Francisco Dionisio Martinez

Memórias do cirurgião oriental Francisco Dionisio Martinez acerca do seu serviço após a Batalha de India Muerta

FRANCISCO DIONISIO MARTINEZ nasceu em Maldonado, a 9.10.1779, filho de Andrés Martínez de Soto Mayor e de Juana María de Olivera. Tinha 37 anos em 1816.

[19.11.1816]
«Nombrado cirujano del Ejercito Patrio, seguí la campaña soportando todos los azares de la guerra. En el mes de Noviembre del mismo año, tuvo lugar la batalla de la “India Muerta” cuyo éxito fue desgraciadamente adverso a nuestras armas. Desde las cinco de la tarde, hasta las once de la noche, estuve constantemente ocupado en curar innumerables heridos en medio de un peligro inminente, porque la dispersión era grande, y la mayor parte de los dispersos estaban ebrios; y el General Rivera se hallaba con la tropa distante de donde yo estaba con aquel numeroso y ambulante Hospital. A las doce de la noche recibí una carta en que se me anunciaba que dos Oficiales de mérito, estaban gravemente heridos, especialmente uno que se iba en sangre. Desde luego mi resolución no fue dudosa, porque la imagen de aquellos desgraciados que talvez iban a morir por falta de auxilios, se me representaba tan vivamente, que sobreponiéndome a todas las consideraciones que surgian de la realidad del peligro, me decidí a arrostrarlos con el valor que inspira la voz de la conciencia cuando nos manda llenar un deber sagrado. A aquella misma hora me puse en marcha, acompañado de un Capitán que tenia a mi disposición; hombre de color, pero muy valiente y de reconocida probidad, y después de una larga y peligrosa travesía tanto por la naturaleza del terreno, y multitud de dispersos que lo cruzaban en todas direcciones, cuanto por que tenia que pasar muy cerca del lugar adonde habia anochecido el Ejercito portugués, llegamos felizmente a la estancia del brasilero don Félix Rivero, adonde se hallaban los heridos cuyas vidas veníamos a rescatar quizas a costa de las nuestras. El uno era el ayudante del General Rivera Dn. Gerónimo Duarte, y el otro el Teniente Dn. Patricio Calderón.

Ambos estaban efectivamente, gravemente heridos, y apesar de la premura del tiempo emprendí el tratamiento de su curación prodigándoles los mas esmerados cuidados, como puede decirlo uno de ellos, el señor Calderón, que aun vive, como testimonio irrecusable de las ansiedades y temores que padecimos aquella noche inolvidable.

“Practicadas las operaciones indicadas para aliviar la situación de estos dos desgraciados, y después de recomendar a los asistentes las medidas precaucionóles que de mandaba el caso, regrese en la misma noche al lugar en que habia dejado el hospital. Felizmente llegue sin novedad, encontrando un crecido número de heridos que habían sido transportados durante mi ausencia del campamento. Desde luego emprendí nuevamente mi penoso aunque noble oficio, suministrando a aquellos infelices los más prontos socorros de que podia disponer en tan a premiante situación, para cuyo efecto, me era preciso atravesar un arroyo cubierto de espeso monte , afin de acudir a todas partes donde un quejido lastimero llegaba á mi oido; y todo esto sin mas orden ni remuneración que la que abundantemente recibía de poder ser útil con mis pobres conocimientos facultativos, a aquellos infelices paisanos, que acababan de derramar su sangre por la libertad de su Patria ¿Será posible que un medico, en igualdad de circunstancias, tenga más abnegación, mas patriotismo, mas amor a sus semejantes?

[20.11.1816]
“Al dia siguiente de la batalla, recibí orden del general Rivera, para marchar con los heridos a la estancia de don Mateo Cortes, en el Valle (Aiguá?). Inmediatamente trate de buscar carretas, y tan luego como me las proporcioné, acomode en ellas los dos oficiales que he nombrado, y a una grande porción de heridos cuya gravedad requería un tratamiento mas delicado, haciendo montar a caballoa los que podian resistir sin peligro las fatigas del viaje. En este orden emprendí la marcha para aquel punto, y a los cinco dias de estar en el, recibí nuevamente orden del General Rivera para dirigirme a la villa de Minas. Al instante hice los preparativos necesarios para movilizar aquel numeroso y ambulante hospital, cuidando con el mas esmerado celo, que no se agravase el mal estar de los enfermos confiados a mi cuidado, por falta de asistencia, y con estas precauciones llegamos a dicha otra villa, sin ninguna alteración sensible. Mi primer diligencia fue proporcionarme una casa para alojar a los enfermos, y habiendo conseguido la del señor Ibargoyen, los acomodé a todos del mejor modo posible, excepto a los dos oficiales Duarte y Calderón, que se alojaron en la casa del señor don Manuel Castro. ‘Estos dos individuos seguían tan bien como podía desearse, pero un exceso imprudente llevo a Duarte al sepulcro. La esposa del General Rivera que había llegado a Minas, quiso visitarlos, y Duarte, sabiendo que ya venia, se levanto y abrió una ventana, contra una prohibición formal mía, por donde entro un fuerte viento süd, que al instante le hizo experimentar un tsismo, y en seguida un tétano que a las cuarenta y ocho horas le condujo al sepulcro.

Fonte
Autobiografía de Francisco Martínez Revista Histórica tomo 6.°, pág.416 y 628. In: Boletin Histórico, n.º extraordinário, setembro 1950, Estado Mayor General do Ejército, pp. 230-233.

Imagem
Wikicommons: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Palmar_junto_al_camino_del_indio_-_panoramio.jpg

Sobre Jorge Quinta-Nova 71 artigos
Rato de biblioteca. Licenciado em Línguas e Literaturas Modernas na UAL, pesquisa desde 2007 o Exército Português nos finais do Antigo Regime, durante as Guerras Revolucionárias, principalmente Carlos Frederico Lecor, de quem anda reconhecidamente Em Busca. É um reputado amante da Medalha Militar, entre a fundação em 1863 e 1911.

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